martes, 21 de agosto de 2018

El despertar

El regreso de Superman (II)


Prosigo aquí con lo propuesto en el anterior Post, disculpándome por haberlos hecho esperar con ansias la continuación de este monográfico por el 80 aniversario de Superman. Empezaré entonces a contarles mas despacio la historia resumida de mi relación con el personaje.
Como la gran mayoría de los de mi generación, el contacto con el superhéroe de los calzoncillos rojos empezó de forma relativamente inconsciente. Es uno de esos iconos culturales que nunca sabemos desde que momento empezó a ser reconocido, como la Coca Cola, cuya  presencia indirecta en nuestras vidas llega antes que adquiramos una conciencia sobre dichos estímulos culturales, dándonos la sensación, al repensarlos, de "siempre haber estado allí". 
Rememoro momentos en el jardín infantil (recuerdos difusos) en que entre los muchos juegos con los amigos, competíamos por "quien hacía de Superman". Y a edad muy temprana, tal vez antes de aprender a leer (probablemente por alguna serie de televisión, o escenas de las películas que repetían en tele de cuando en cuando), ya sabíamos que Superman era el ser más fuerte del universo, que además de volar tenia visión de rayos x (y fantaseábamos con ver a través de las paredes), que podía derretir metal con su visión de calor y que podía congelar ríos con su super aliento, pero al mismo tiempo era vulnerable a la kriptonita (vaya uno a saber qué era eso, solo que funcionaba para parar al amigo que había "ganado" ser Superman con "tengo Kriptonita, pierdes tus poderes..."); que "Luisa Lein" era su novia, y que su peor enemigo era Lex Luthor.
Siempre obsesionado con envenenar a Superman...

La "Luisa Lein" que conocí cuando niño

La Luisa Lane que conocería un poco después en las revistas de historietas
En alguna época de la niñez muchos fuimos televidentes acérrimos de la serie de Los Superamigos:

que nos permitió asimilar mejor el concepto de Superman como el mayor héroe de la tierra, pero al mismo tiempo, empezábamos a notar, a pesar de nuestra infantil percepción de las cosas, que el personaje carecía de fondo. Solo era un símbolo, no una persona.Y su trasfondo emocional (su amor a tres bandas con Lois Lane, o los recuerdos de sus padres) se antojaba falso, acartonado, carente de significado, o lo que es peor, nos era absolutamente indiferente. En mi opinión eso es una muestra de la incapacidad de los guionistas de sacarle jugo a un personaje como este. Sobre ello volveremos más adelante, pues considero que para un escritor (y dibujante), hacer interesante a un personaje que "lo puede todo" es un desafío argumental muy superior a lo que la mayoría puede imaginar. 
En resumen, para mi (y mis contemporáneos), Superman era un superhéroe más televisivo y cinematográfico que un personaje de cómic. Solo tiempo después sabría que el medio que lo vio nacer fue el arte secuencial, mucho después incluso de empezar a conocerlo en las paginas de las revistas de historietas (de editora cinco, a quien le interese) que mis padres compraban, inicialmente a mi hermano, que era quien ya sabia leer, y posteriormente a ambos (y que nosotros conocíamos con el término ampliamente incluyente de "cuentos"). Pero yo ya, en mi analfabetismo, podía reconocer los aspectos básicos del personaje: La "S" en el pecho, la capa ondeando y el color azul y rojo.



Las revistas de editora cinco, las primeras historietas de superhéroes que leí
A finales de los 80s vino la serie de Superboy, y por alguna razón en el imaginario colectivo (mío y de mis amigos) ya existía la concepción de Superboy como una versión más joven y desenfadada de Superman que tenía más en común con nosotros que el señor “grande” de capa. Igualmente sabíamos (transmitido tal vez por muchos de los shows de dibujos animados que existían antes y durante nuestra infancia temprana) que  Superman tenia una prima, llamada Superchica, y como que también un perro, llamado...No, no Superperro, fallaron. Se llamaba Krypto. Teníamos también conciencia de otros secundarios como Jaime Olsen o los señores Kent, los padres de Superman en su identidad secreta.

Me detengo aquí para hacerme notar lo mala que es esa serie. Pero en la época que la veíamos era muy emocionante, con cierto aire de "modernidad" del que carecían las películas que existían antes que naciéramos. Curiosamente la serie televisiva salió un año después que, siguiendo cambios editoriales renovadores en los cómics, el personaje de Superboy fuera borrado de la existencia. Este tema, que por la radicalidad con que lo expuse genera curiosidad, lo dejo por ahora de lado para no perder el hilo, con la promesa de tratarlo más adelante.
Creo que fue en esa misma época en que adquirí más conciencia de lo que leía y repasaba los “cuentos de Superman” más detenidamente, aunque aún entonces no le prestaba mayor atención al argumento y poco notaba (o poco me importaba) lo sosas que resultaban algunas historias.
Al llegar a los 10 años habían aparecido otros superheroes (como estos, estos, o a mediados de 1993 la emocionante renovación de este) que intentaba de manera bastante pobre replicar en mis propios entusiastas esfuerzos por crear mis propias historietas (como muchos de los que tuvimos el gusto por la historieta como un estímulo familiar), y Superman había quedado desplazado en el pedestal de mi admiración por lo insípido que ya me resultaba. Sin embargo, la permanente exposición inconsciente a Superman en muchos medios ya había establecido un constructo cultural imbatible en mi subconsciente. Aun hoy, a pesar de estar lejos de ser mi personaje favorito, lo considero, de forma casi irrebatible como el arquetipo de “Superhéroe”, y sé que a casi todos les ocurre igual.
Cumplía yo 10 años cuando en el noticiero, en la sección de noticias internacionales, anunciaron su próxima muerte editorial (a finales de 1992). Tenía que ser un ícono popular muy poderoso para generar titulares de repercusión mundial. Aun entonces, a pesar de sentir que era un personaje importante, mi fascinación infantil por él ya había sido superada, tanto a nivel audiovisual, como a nivel impreso, pues en esa época los "cuentos" de superheroes de editora cinco se me hacían muy simplones, casi idiotas de los infantiles que eran sus diálogos (que en el inglés original no lo eran tanto, pero al ser traducidos lo simplificaban aun más, considerando a los niños hispanoparlantes no tanto como niños sino como retrasados mentales). Más simplones incluso que las aventuras Disney de Abril Cinco que hasta esa época eran mi lectura favorita del medio. Y ya entonces me consideraba un fanático de otro tipo de historieta, mas elaborada, con mas "sustancia" y sobre todo con diálogos mucho mas inteligentes y estimulantes, como eran Tintin o Asterix. 

Las historietas Disney ofrecían sana diversión sin pretensiones, e incluso sorprendían con algunas ironías que escapaban a nuestra comprensión infantil 

El impresionante nivel de detallismo para dotar del mayor realismo posible en la preparación de un ficticio viaje a la luna hacen de este díptico una joya desde su publicación 19 años antes de la llegada del Apolo XI a la luna. 

Asterix es una maravilla indiscutible. Y el  magnífico e ingenioso guion y su soberbia ejecución gráfica elevan este título en particular  como una obra maestra tal, que ocupa el puesto 23 en la lista de los 100 libros del siglo XX según Le Monde.

Pero entonces, porque me molesto dirán, en hablar y hablar sobre un personaje por el que hasta ahora no he demostrado mayor simpatía? Donde están los elementos que explican el cariño hacia el personaje que mencionaba en la anterior entrada? Ese cariño sobre el que he enfatizado tanto solo empezó a despuntar años después, a finales de 1995 (recién cumplía los 13) cuando nos vimos expuestos a un renovado estímulo historietístico de la mano de editorial Vid, que por primera vez, de forma ambiciosa pero respetuosa, metódica y organizada, ofrecía para la población colombiana (y de muchos otros países) la opción de sumergirse en ese universo de los superheroes norteamericanos de forma apasionante. Y es que la diferencia entre los "cuentos" de Cinco con los que crecimos y los "tomos" de Vid era pasmosa. No solo en tamaño, que respetaba el original norteamericano, sino en traducción, rotulación y sobre todo en la capacidad de dar un orden cronológico en sus historias, generando algo cuya ausencia ni habíamos notado: La sensación de "continuidad" dentro de un universo ficticio.


Mi mano alcanza a salir en la foto. Solo para dar una idea de la mejora en el tamaño del producto que nos traían 

El cambio también era estético. Las nuevas historietas ofrecían páginas con ángulos más espectaculares y dinámicos, que atrapaban al lector como nunca antes lo habían hecho

Obviamente dicha calidad elevaba los precios de una forma considerable. Para esa época (hace 22 años) pasar de una revista de $300 a $500 de 24 páginas a un tomo de 96 paginas de $3.600 convertía a las nuevas historietas en un producto de acceso más difícil, casi un lujo. Había que ahorrar más tiempo para comprarse uno de esos. Ello añadió un factor adicional en la cimentación de la afición a las historietas de los superheroes, fundamentado en el anhelo y el esfuerzo invertidos en conseguirlas.
Dicha explosión editorial prosiguió y se expandió por muchos años más, generando la aparición de muchos adeptos y de "conocedores" (muchos de ellos pedantes insufribles) de la historia no solo ficticia de los personajes, sino también de éstos como producto de mercadeo y su influencia en la tendencia de los gustos populares entre los jóvenes. En retrospectiva siento que fue una época interesante, pero cayo en los vicios del autoconsumo desmedido y luego en el olvido generado por la quiebra de la Editorial Vid a inicios de la década del 2000. 
Pero remontándonos al momento en que las nuevas historietas aterrizaron en los puestos de revistas, creo que la forma más fácil de explicar el impacto que ello generó en nosotros como consumidores de historias es darles un pequeño recorrido por el primer tomo de Superman-Vid que llegó a mis manos,en Octubre de 1995. 

Tras muchos años de lecturas, pasaríamos de revistas como ésta, con portadas que anticipaban la sencillez de la historia en su interior...  



sensación de sencillez (o de candor casi simplón) que se confirmaba al introducirse en sus páginas ....   




A un tomo cuya portada sugería más que mostrar, estimulando la imaginación y despertando las ganas por conocer que diablos pasaba, casi obligando a sucumbir al antojo de comprarla. 


Y aparecían los autores... los cómics de superheroes tenían autores!!

Y al abrir en la primera página encontramos esto: 



Una sola viñeta ocupando el total de la página, con un primer plano de un rostro mucho más realista y detallado y menos caricaturesco de lo que estábamos acostumbrados. Y no había ninguna introducción, ningún texto explicativo, desde la primera pagina quedábamos inmersos en la acción. No había concesiones. Tenias que ponerte al día sin ayuda, pensando en que la muchacha, llamada Tana, muy seguramente una reportera, estaba frente a algo aterrador. No había tiempo para pensar "Esto que tiene que ver con Súperman?", o preguntarse donde había un personaje familiar (alguno de la superfamilia, por ejemplo). Nada de eso, tenias que montarte en la historia, con la - hasta ese momento - incómoda sensación de haber llegado tarde. 
Esa primera página disparaba de forma contundente la curiosidad del lector recién llegado. Había que pasar la pagina cuanto antes. 
Al hacerlo nos encontrábamos con esto: 



Una página doble (cuándo habíamos visto un dibujo que ocupara una pagina doble en una revista de superheroes!?) que nos muestra una catástrofe (al parecer el puente colgante ha sido destruido por una explosión) en todo el esplendor que la perspectiva bien aplicada por el dibujante permite lograr, haciendo mucho más patente la impresión de zozobra. Y aquí nos enfrentamos a una forma de narración visual a la que no estábamos acostumbrados. Las 4 viñetas inferiores (para los despistados, los cuadritos pequeños) describen una secuencia, dan la sensación de que pasa un determinado tiempo en el que ocurren las acciones de los personajes. 



Pero esas 4 viñetas están supeditadas a la escena general, al dibujo central, que es uno solo, grande y estático, generando con ello muchas respuestas en el lector. Primero, la sensación consciente de ubicación espacial. No solo cada viñeta muestra el sitio exacto donde están los personajes, sino que, ubicadas todas ellas dentro de una viñeta más amplia, a modo de plano general, nos subrayan que cada unidad de espacio contenida en ellas hace parte de un todo espacial, expresado en la viñeta mayor como fondo. Ese recurso da mayor dinamismo a la narración visual, permitiendo centrar ésta en los personajes pero impidiendo al mismo tiempo que el ojo del lector pueda separarse de la visión global de catástrofe. Ello ahorra al dibujante la obligación de mostrar y realzar en cada viñeta la destrucción generalizada que ralentizaría las acciones de los personajes. El lector puede fácilmente seguir a los personajes sin separarse en ningún momento del plano general de la tragedia. Su atención está atrapada de 2 formas al mismo tiempo: una apreciación estática, como de una pintura, saboreando sus detalles y cómo éstos conforman un todo; y una apreciación dinámica, sustentada en la secuenciación de imágenes que sugieren una acción o serie de acciones. Ese es uno de los puntos claves de la experiencia del cómic o historieta. Citando a Scott McCloud, "Cuando las imágenes son parte de una secuencia, aun siendo una secuencia de tan solo dos -en este caso de 4 imágenes- el arte de la imagen se transforma en algo más: el arte de los cómics!". En ese momento de mi vida empecé a entender al cómic como medio capaz de expresar algo y generar una respuesta estética, haciendo uso exclusivo de los recursos propios de dicho medio, siendo imposible expresarlo de igual forma con los recursos de otro medio. Es decir, que esta escena si bien podría adaptarse al cine, o a la radio, o al teatro, jamás, jamás generaría la misma respuesta estética: la sensación de una acción, del paso del tiempo, usando para ello, paradójicamente, imágenes estáticas, que no dependen del tiempo. Dar esa sensación de "paso del tiempo" con recursos que se fundamentan en otra dimensión: el espacio. Eso eleva el cómic a la calidad de arte.
Si la anterior explicación no hace que se les desencaje la mandíbula de admiración ante las increíbles posibilidades de este medio, con tan solo analizar y deconstruir una página, me cuestionaré seriamente mi papel como divulgador del cómic.
En segundo lugar, el uso de las viñetas secuenciadas sobrepuestas a la viñeta mayor, pero contenidas en ella, genera a nivel inconsciente la sensación de que la hecatombe nos supera, que escapa a lo que el dibujante pueda mostrar, que es mucho mayor que lo que la pagina le permite comunicarnos. Es un recurso sencillo, pero muy potente y muy efectivo.
Como detalle adicional, para resaltar el arte de la narración secuencial, notarán que la forma de las 4 viñetas pequeñas no es cuadrada sino que asemeja la de una pantalla de TV,. Otro recurso sencillo, pero muy ingenioso, que ofrece mayor dinamismo, casi como si estuviera televisado en tiempo real.
Creo que, independiente de si nos gusta o no Superman, podemos convenir en que la narración hasta ahora nos ha atrapado, gracias al buen hacer de guionista y dibujante (sin contar entintador, colorista, etc...). 
Quiero dejar claro que si bien, en términos sencillos el cómic es "arte secuencial", hay incontables técnicas de expresión del mismo con muchas formas de usar este tipo de narración. Para ello les dejo una escena con una narración mas "clásica" (que hace parte de la historia de los marcianos mencionada más arriba) para que puedan apreciar la diferencia de técnica narrativa con la escena del puente destruido.



La sensación de acción en curso, del paso del tiempo se sigue notando, pero de una forma lineal,  sin la contundencia y sin la potencia que tiene la escena del puente. Pero desengáñense, aunque yo no había visto ese tipo de narración visual en las historietas de superheroes antes de comprar ese cómic de los "supermanes", dando la impresión de ser algo muy moderno, esos recursos que describí arriba (y muchos más, igual de sorprendentes) se vienen usando hace casi un siglo. Es esa versatilidad en la forma de narrar que ofrece el medio lo que me chifla, lo que me apasiona.
Pero dejo de lado esta demostración de onanismo mental, para centrarme de nuevo en lo que los ha traído aquí. La historia como tal:
Quedamos en el socorrido Cliffhanger de la ultima escena, (En TV, del ultimo minuto del capítulo), de la ultima viñeta, de la última pagina:

El desenlace de esa acción en particular no es importante para el objetivo de esta reseña... bueno, está bien, les muestro que sucede:

Ahora si, zanjado ese asunto, como lector me interesa saber quien diablos es esa gente? Inicialmente tenia curiosidad por Tana Moon, pero ahora que mencionan a Superman, mi atención se concentra en él. Ese es Superman? ese punk? Aunque Tana menciono algo de "...la joven encarnación de Superman". Será Superboy? Porqué carajos no me lo explican con el consabido cuadro de texto que solía acompañar las historietas que leía de niño?
Por una razón sencilla: Porque la historia, el argumento, y sobre todo el guión son mejores. Y no lo eran apenas en este 1995, venían siéndolo hace mucho tiempo, pero desgraciadamente no habíamos podido ser testigos de la evolución natural del cómic de superheroes. En Colombia se seguían distribuyendo viejas ediciones, de  historias de los 50s a 70s y algunas de inicios los 80s, y teníamos ahora ante nosotros un producto fresco, con por lo menos 15 a 20 años de diferencia con los anteriores que nos demostraba como en ese lapso  de tiempo habían ocurrido muchos cambios, de manera gradual, pero que se antojaban súbitos para nosotros.
Seguíamos perdidos, sin la paternalista guía de los cuadros de texto explicativos, pero lo suficientemente atrapados para seguir con la lectura, para averiguar por nosotros mismos qué carajos estaba pasando, para conocer mejor a los personajes y ver si podíamos reconocer en ellos los que tanto tiempo atrás considerábamos tan familiares (y en cierto modo tan planos y superficiales).
Sigamos pues avanzando. Tal parece que el joven Superman y Supergirl (ya no se llama Superchica) resuelven la situación. Llama la atención que si bien los diálogos no son dignos de un Aaron sorkin, por lo menos tienen más fondo que los que acostumbrábamos encontrar en las revistas viejas. Se busca caracterizar a los personajes no solo a través de su aspecto visual sino también de su discurso. Se puede apreciar como este joven Superboy, o Superman o lo que sea, es más pendenciero que el Superman clásico, al soltarnos el casi patético "esto es... personal"

Tenemos pues, a dos miembros de la superfamilia interactuando...

El discurso de rebelde sin causa del joven Superman apesta, pero en esa época nos parecía muy "cool".
Hey! momentito, momentito. Qué son esos toqueteos y esas miraditas de "Si te agarro descuidado te hago pasar de superchico a superhombre en un soplo"? No que estos dos eran familia? Mucha descarga hormonal para mi gusto. Pero lo "horny" que se está poniendo esto nos ha distraído de lo más grave: Como así que el equipo Luthor? Ése Lex Luthor!?
Ah no. No el mismo Lex Luthor. Éste tiene pelo y no parece científico loco, sino un empresario arrogante y presumido.
No, no es calvo, por el contrario tiene demasiado pelo. Un símil del peor Lorenzo Lamas. Que dañinos fueron los 90s. Aunque no se parezca en nada al Luthor que conocimos se comporta igual de altivo y petulante. Pero de nuevo, nuestra sorpresa nos distrae de lo más grave: le dice "amor" a Supergirl. Amor! Lex Luthor! No basta con que la rubia aquella (donde está mi superchica original? Sniff) se haga la mosquita muerta con el superadolescente lúbrico y en el fondo se lo quiera merendar, sino que ahora el peor (el PEOR, en mas de 50 años de historia) enemigo de Superman se la esté merendando a ella.
Pero quien diablos es esta gente? Esto no parece una historieta de Superman. Ademas nos sueltan que el superhorny es un clon, no el verdadero superman, lo que nos dice que no todo puede estar tan jodido.
No importa que todo sea cada vez más bizarro, nuestro morbo nos hace seguir con la historia, que se pone mejor.

Ah, esto ya es más normal. Creo reconocer a los padres de Clark Kent. Y el viejo considera impostores a los de la TV... Impostores? En plural? Hay más aparte del "rebelde sin causa". Bueno, por algo el tomo se llama "El reino de los Supermanes". Lo se, lo se, qué esperpento gramatical. O supermen o superhombres, pero no a medio camino. Aunque en esa época nos sonaba muy rudo y nos gustaba mucho, y así aflojábamos los billetes, o se los hacíamos aflojar a nuestros padres, para satisfacer nuestro renovado vicio.
Bueno, el viejo también se indigna con el comportamiento de esa descocada. Pero se llama "Matrix"? No se llama Kara? O sea que no es la prima se Superman? Que alguien me explique.
Hasta este punto de la lectura voy notando que, aunque el argumento es mucho mejor y los diálogos son mas creíbles y fluidos, no me entero de nada. Siento que hay un enorme agujero en el tapiz de información que guardo sobre estos personajes. casi diría que me toca reaprender su historia.
Todo ello obedece a algo que, repito, o no existía, o no era significativo en las historietas antiguas de superheroes: la continuidad. La sensación de que al tomar cualquier historia te encuentres con los personajes en un punto mas avanzado de su vida, al que han llegado tras dejar atrás un pasado que no te habían explicado. Antes no debíamos preocuparnos por ello. Super era Super y sus aventuras eran autoconclusivas, sin consecuencias, siempre era el mismo y nunca cambiaba su statu quo: Luchaba contra Luthor o el villano de turno, salvaba a Luisa Lane, que se moría por él y despreciaba los halagos de Clark Kent, sin saber que eran la misma persona.
Ahora siento que cada personaje que acabo de ver desfilar por estas páginas viene desde hace mucho experimentando cambios que lo han llevado a ser el que me dan a conocer ahora en este momento, y que para conocer esos cambios tal vez deba buscar información en esos 15-20 años "oscuros". Cómo hacerlo con la poca bibliográfica que hay en esta ciudad, en este país, en este idioma?
Pero ahora surge la pregunta más lógica, y que sorprende que no la hayamos formulado antes, a pesar que llevemos varias paginas: Donde diablos está Superman? el original, el verdadero... Hay un original y verdadero?
Parte del misterio nos lo aclaran un poco más adelante.

Pero siento que más que aclarar las cosas, las vuelven aún más turbias.
Y aunque el argumento, la puesta en escena y la narración visual nos han atrapado, no dejamos de sentir desconcierto ante este mundo extraño que trastoca todo lo que conocíamos de Superman y sus personajes. Afortunadamente, no estamos solos en esa sensación:
Por fin! Algunos parecen ser los mismos. Luisa Lane y Jaime Olsen. Aunque ahora tengamos que llamarlos por su nombre real: Lois y Jimmy.
Aquí si parecen darnos luces que nos permiten contextualizarnos. Han "perdido" a Superman, y obviamente también a Clark Kent... Que significa "perdido"?
En esta, la ultima viñeta que les dejo hoy, una modernizada Lois Lane se convierte en el vehículo de algunas de nuestras inquietudes. No está segura de cual de estos "impostores" es el verdadero Superman, al igual que nosotros. Y al igual que nosotros, que sin saber nada de las historias de meses o años previos sospechamos, así no nos lo hayan dicho explícitamente, que lo que pasa es que Superman está muerto, en el fondo cree que no es cierto, que no está muerto, que debe haber alguna explicación..
Por fin encontramos alguien con quien hay cierta afinidad en este viaje a través de esta revista. Alguien que puede representarnos en esta travesía, haciendo de la experiencia una comunión entre lector y pesonaje(s). Y nos sorprende gratamente el sentir por primera vez al leer una historieta de superheroes que no solo nos atrapa por las emociones desencadenadas por una historia fuera de lo común, sino que nos atrapa también por todo lo contrario, porque también es una historia de personas comunes (exceptuando los obvios) en quienes podemos vernos reflejados, y de situaciones cotidianas en las que podemos encontrar eco de nuestras propias tribulaciones diarias.

Espero haber logrado en mayor o menor medida compartir con ustedes parte de las sensaciones que me sobrecogieron hace casi 25 años cuando leí por primera vez ese volumen de Superman. Fue ahí donde se despertó la emoción infantil dormida que sabía que esas historias me habían generado alguna vez. Obviamente, así como el espectador crece y madura, la historia tiene que hacerlo. En nuestra ignorancia habíamos considerado que un personaje tan famoso, o más bien, la forma en que nos contaban las historias de ese personaje no podía madurar. Y de qué forma contundente nos demostraban ahora lo contrario. No solo eso, empezábamos a comprender que en buenas manos el potencial que tienen estas historias de sorprender y entretener no tiene límite. 
Digamos pues, que hasta esa época de mi vida, la exposición mediática de Superman, su fortaleza como ícono de la cultura popular había permeado el camino del desarrollo de mi creatividad infantil, de la consolidación de mi capacidad de imaginar y dejarme llevar por historias propias y ajenas, haciendo parte indisoluble del imaginario colectivo y personal. Pero solo hasta ese momento (y para darle un final redondo por ahora a esta reseña) sentí el verdadero despertar de mi cariño hacia ese personaje (hacia esos personajes) y hacia sus historias. De cómo empezó a afianzarse y a robustecerse ese cariño, no solo hacia este personaje, sino hacia el cómic en general, hablaremos la semana que viene. 
Les agradezco mucho que me hayan acompañado a lo largo de todo este rato y espero que lo hayan pasado tan bien leyendo como yo escribiendo y organizándo la reseña.

Postdata para aumentarles la curiosidad y que ansíen la próxima reseña: volviendo a Lois, porqué dice "Clark" cuando quiere decir "Superman"?. Será que sabe que son la misma persona? No. Eso no podría ser. En los 50 años previos de historias jamás Luisa Lane confirmaba la identidad secreta de Superman.
Pero bueno, no es Luisa sino Lois. 
Siempre fue Lois....



domingo, 15 de julio de 2018

El regreso de Superman




Empiezo esta semana con las reseñas prometidas. El pasado mes de Junio se publicó el número 1000 de la revista Action Comics, coincidiendo con el 80 aniversario de la primera aparición de Superman (superMÁN, como se acostumbra pronunciar en nuestros lares), en el número 1 de la mencionada revista. 



Ochenta años de historia de uno de los principales iconos de la cultura popular, y tal vez el personaje de ficción más reconocido del siglo XX. Y el haber llegado a mil números publicados es una hazaña única en el mundo editorial del cómic de superhéroes, así que hay que celebrarlo de alguna manera en este blog. 



El mencionado número 1000 marca un punto de corte en muchos aspectos editoriales: una nueva etapa argumental, un nuevo equipo creativo, pero más importante que eso,  para los nostálgicos marca el regreso de uno de los elementos fundamentales del concepto visual de Superman: Los calzoncillos rojos. 


Y es que respecto a este tema hay mucha tela por cortar (valga el facilista juego de palabras), pues alrededor del cambio estético realizado a inicios de esta década en que dicha prenda desapareció del uniforme para acercarlo a la estética del siglo 21 y atraer nuevos lectores surgió una polémica que en el fondo representaba el extendido malestar con el rumbo cada vez más errático que estaba tomando tanto Superman como los demás personajes de la editorial DC comics.

El título del post no es gratuito, hace referencia al regreso en más de un sentido, no solo de un diseño visual más cercano al original, sino del personaje original, el "verdadero Superman" y no la pálida versión del nuevo universo DC cómics que reinició en el 2011. 

Pero quien diablos es ese sujeto? Y que hizo con Superman?

La poca comprensión del personaje (el querer hacerlo "oscuro") también se extendió al cine 

Creo que debo detenerme un poco, pues noto que la lectura se está tornando un poco críptica para los que no están familiarizados con el vaivén editorial norteamericano y el mundo de la historieta. Prometo que más adelante explicaré porqué carajos para mí (y muchísimos otros) es tan importante el que se hayan dignado a devolverle los mentados calzoncillos al pobre superhombre, pero primero debo aclarar ciertas cosas para los amigos y/o lectores incautos.

Volvieron los calzoncillos. Y todos contentos. 
Volviendo al título del post, marca asimismo el retorno del personaje a mi estima, o más bien mi regreso a la lectura de sus aventuras, tras más de 15 años de haberlo dejado de lado, menospreciándolo frente a otros cómics de mayor calidad.

Esto fue de lo ultimo que compré de Superman, por allá en el 2002. Flojito, flojito, por no decir malo.
No quiero dar pie a confusión, mi reencuentro con el personaje no tiene que ver con que sea mayor, más maduro, y haya podido entrever un sentido más amplio detrás de los argumentos aparentemente simples de las historias de Superman. No es así.  Aun considero que hay muchísimos personajes, muchas series que superan de lejos lo que la lectura de Superman pueda ofrecer.


El Dr. Manhattan, un trasunto de Superman, con un desarrollo profundo cuyos alcances están a años luz del hombre de acero. Creado por Alan Moore en el único cómic que hace parte de la lista de los 100 mejores libros del siglo XX según la revista Time
Así que, porque me tomo la molestia de escribir esta reseña (y muchas más que vendrán), si ni siquiera es uno de mis personajes favoritos? 
Porque hay que tener claro que Superman como personaje, como símbolo, ha trascendido al medio impreso para elevarse en un icono transmedia conocido por casi todo ser humano en el planeta (al punto que la proporción de los que conocen al personaje que han leído los cómics es muy bajo) y que su importancia como encarnación del concepto primigenio del “superhéroe” está profundamente arraigada en la psique global de la cultura popular de una manera mucho más intensa que cualquier otro personaje ficticio creado por cualquier artista en la historia (como ejemplo más reciente, ver la última entrada de Boris en hablasolo.blogspot.com: “Travelers”, en donde de soslayo menciona a Clark Kent como ejemplo de torpeza proverbial… y todos comprendemos de inmediato lo que quiere decir).

Esta es la imagen que en la mente de casi todo el mundo está ligada a la palabra "Superman"
Pero no solo eso. O tal vez, como parte de todo eso, de esa hiperbólica justificación que acabo de dar, hay un (o unos) aspectos ligados exclusivamente al medio del comic, y que los que nos criamos con sus aventuras (casi se podría decir que a muchos nos acompañó en la consolidación de nuestro desarrollo del lenguaje visual y escrito) podemos reconocer fácilmente, pero que difícilmente podemos explicar en una o dos palabras, y que términos como familiaridad, confianza, estima, añoranza, nostalgia o calidez, si bien dan una idea de lo que fundamenta el cariño por el personaje, no son suficientes para explicar ese cariño.


Así que en próximas reseñas (lo siento, por hoy se acaba el espacio) intentaré acercarme, de la manera más respetuosa y menos prejuiciosa al personaje (aunque algo de prejuicio siempre es divertido y mi plan es no aburrir), aportando tanto aspectos históricos del personaje, como mi propia experiencia de descubrimiento y lectura, esperando lograr que ustedes, amigos y otros neófitos, empaticen con lo que muchos, muchísimos lectores sentimos que hace tan especial a Superman.
Nos leemos en una semana.


PD/ No podía despedirme sin dejar está maravilla, emocionante para muchos, conocida por casi todos, reafirmando que Superman ha regresado. 






lunes, 25 de junio de 2018

Retorno al cómic de Superheroes


El concepto visual genérico del superhéroe

Considero este post un regreso en más de un sentido, pues hace 8 años no me aventuraba a publicar nada en este blog. Ocasionalmente lo visitaba y con cierta condescendencia me decía “no está mal”, pero carecía del empuje para dedicar varias horas de mi tiempo y devanarme los sesos en la organización estética de una entrada que rodeara un tema atractivo, tanto para un potencial lector, como para mí al escribir sobre él.
No es porque mi gusto por los cómics haya disminuido, digamos más bien que mi entusiasmo por divulgar ese gusto se había aminorado por cuestiones laborales, académicas y otros gustos literarios, pero nunca he dejado de sentirme devótamente agradecido y apasionado por los cómics.
Y así como hubo factores que aminoraron ese entusiasmo, hay ahora circunstancias, de mayor o menor calado, pero de todos modos estimulantes, que me empujan de nuevo a embarcarme en la tarea de escribir sobre lo que me apasiona. Así que haré el intento de organizar un rebosante despliegue de ideas que quiero comunicar en varias entradas más o menos coherentes, buscando que sigan siendo atractivas para la lectura de amigos, conocidos, o incluso desconocidos a quienes la curiosidad atraiga a este espacio.

Algunos de los más famosos personajes de la BD


En las pocas, pero (algunas) sustanciosas reseñas previas me he acercado principalmente a la bande dessinee europea (en su traducción española) y muy poco al cómic norteamericano, y cuando lo he hecho le he dado mayor importancia a títulos alejados del mercado masivo de los superhéroes, lo que puede generar una falsa impresión de menosprecio por mi parte. Nada más alejado de la realidad. Como la mayor parte de los jóvenes de Latinoamérica, mi conocimiento de las historietas estuvo muy influenciado por los superhéroes, inicialmente en medio audiovisual, y luego en forma impresa, con ediciones "ochenteras" que hoy día dejan que desear, pero que en su momento generaron tanta emoción que son un factor determinante en la nostalgia por esas publicaciones.

Uno de los ejemplares de Superman editados en Colombia que aún poseo

Asumo que nuestros padres, viéndose también sobreexpuestos al cómic de superhéroes en el proceso de acompañar a sus hijos en el disfrute de la historieta, construyeron en su inconsciente un concepto de infantilidad e inmadurez (comprensible por los argumentos fantásticos aunados a un guion en algunas ocasiones deplorable que traían la mayoría de las revistas editadas en esa época. En parte culpa de la traducción simplista que se hacia al español en Latinoamérica) asociado al término “cómic”, o “historieta” en general, generando unos prejuicios muy arraigados que hacen hoy muy difícil la introducción de ciertas obras de calidad superlativa (verdaderas obras de arte ámpliamente conocidas y queridas por los fanáticos del cómic) simplemente por ser desarrolladas en este formato artístico y no en, por ejemplo, “literatura seria”.  

Al respecto de la dificultad de cambiar el prejuicio del cómic como “arte menor” hay cientos de artículos y varios estudios que no cabe mencionar aquí, pues constituyen por si solos material para muchas reseñas.
Pero para los neófitos interesados, se puede acceder fácilmente al maravilloso, sorprendente e influyente estudio de ScottMcCloud Understanding cómics, en versión impresa o a través de la red. Debo decir, humildemente, que no he pasado de la mitad, en parte porque se requiere algo de paciencia para asimilar ciertos conceptos de lingüística y semiótica que McCloud  expone de manera brillante en ese libro, a propósito de lo cual debo reconocer a Jonatan Lemos como uno de los más comprometidos divulgadores de la búsqueda del significado y el potencial del medio del cómic que conozco, aficionado como yo, pero mucho más metódico en su afición. Su genial conferencia “Esto no es una presentación: 20 años entendiendo los comics con Scott McCloud” ha abierto los ojos a muchos que incluso creían “saberlo todo sobre cómics". 

Scott McCloud 

Volviendo al asunto superhéroes como generador de la idea del cómic como algo infantil vs. bande desinee europea, o “novela gráfica”, como representante del cómic “adulto” o del cómic “artístico”, considero las anteriores clasificaciones y términos muy arbitrarios. Si bien es cierto que la bande dessinee se ha convertido para mí en un filón de historias a cada cual más emocionante que me siguen sorprendiendo aun al día de hoy, el cariño y sobre todo la gratitud que le tengo a los cómics de superhéroes es inmenso, a todos en general, pero a unos más que a otros. 

Se podría decir que sus logos son universalmente identificables


Es por ello que, dentro de mi emoción por regresar a este espacio, quiero que ese respeto que siento hacia los cómics de superhéroes se propague un poco entre lectores receptivos, cercanos o desconocidos, y para ello, me propongo, dentro de las próximas semanas y meses, con una periodicidad si no frecuente, por lo menos constante, publicar reseñas de varios temas que giren en torno a algunos superhéroes de sobra conocidos para el grueso de la población (Superman, X Men, Batman, por dar unos ejemplos), pero cuyos detalles argumentales, y las razones por las cuales generan pasión por el medio, tanto en mi como en muchos lectores, son muy poco conocidos.
Así que bienvenidos de nuevo. Espero sus comentarios y compañía lectora en esta etapa del viaje.